lunes, 17 de septiembre de 2012


ADOLF HITLER



La Primera Guerra Mundial había dejado una Alemania derrotada política y económicamente, en un frustrado proceso por implantar la democracia liberal que reemplazara anteriores monarquías. Ello, unido al arraigo de su tradición militar y del nacionalismo romántico según el cual el Estado era la encarnación del espíritu del pueblo, así como ciertos hábitos autoritarios de la sociedad alemana, constituía un excelente caldo de cultivo para cualquier nacionalsocialismo, tan en boga en la época.

Adolf Hitler añadió con maestría el elemento del racismo para formar la mezcla explosiva y paranoica que galvanizaría a toda una nación. Consiguió el apoyo de un ejército herido en su honor; de los industriales enfrentados a los sindicatos y al temor de la ideología marxista; de una frustrada clase media y del proletariado «víctima de los sindicatos y de los partidos políticos». Supo concitar en todos el odio a los judíos, como elemento cohesionador, y proponerles la superioridad de la raza aria como única válida para dominar el mundo.

Su obra Mein Kampf (Mi lucha) se convirtió en evangelio de masas, sin ser tratado de política, y en libro santo de la vida e ideas del jefe supremo, sin ser ninguna confesión del autor, a pesar del título. Según lo expuesto en él, la raza aria es superior por naturaleza; el Estado es la unidad de «sangre y suelo»; el Fürher es la encarnación del Estado y por tanto del pueblo... Nada nuevo. Pero sí el arma más eficaz para la más cruel derrota del pueblo que la utilizó, el mayor genocidio de la historia y la destrucción de Europa.

Su Infancia
Adolf Hitler nació en Braunau am Inn, una pequeña aldea cerca de Linz en la provincia de la Alta Austria, no muy lejos de la frontera alemana, en lo que entonces era el Imperio austrohúngaro. Nacido en una familia de clase media, su padre, Alois Hitler (1837–1903), fue un agente de aduanas. Su madre, Klara Pölzl (1860–1907), fue la tercera esposa de Alois. Hitler fue el tercer hijo de la pareja.7 Como los padres de Hitler eran primos, debieron obtener una dispensa papal para el matrimonio. De los cinco hijos de Alois y Klara, sólo Adolf y su hermana Paula llegaron a la edad adulta.8 El padre de Hitler también tuvo un hijo, Alois Jr., y una hija, Angela, con su segunda esposa

Fue hijo de un aduanero austriaco llamado Alois Schickgruber-Hitler (antes se apellidaba Schickgruber, pero se cambió el apellido a Hitler ya que era más prestigioso) y Clara Pölzl (una joven que era 23 años menor que Alois) Adolfo Hitler nació en Braunau, Austria, el 20 de Abril de 1889.

La infancia de Adolfo Hitler no fue fácil, transcurrió en medio del autoritarismo y dureza de su padre Alois, personaje que, pese a únicamente tener la educación primaria era un agente de aduanas exitoso y que había ascendido muy rápidamente.

Hay que comentar más ampliamente el origen de Alois para poder entender (al menos en parte) el comportamientofuturo de Adolfo. Alois fue el hijo ilegítimo de Anna Schickgruber, debido a eso fue que el apellido se consideraba deshonroso.

El nombre Adolf viene del antiguo alto alemán y significa «lobo noble» (Adel=nobleza + wolf=lobo).12 De ahí que uno de los apodos de Hitler puestos por él mismo fuera Wolf o Herr Wolf —comenzó a usar este apodo a principios de los años 1920 y se le dirigían con él sólo los amigos íntimos (como «Tío Wolf» por los Wagner) hasta la caída del Tercer Reich.13 Los nombres de varios de sus cuarteles generales dispersos por toda Europa Continental (Wolfsschanze en Prusia Oriental, Wolfsschlucht en Francia, Werwolf en Ucrania, etc.) reflejan esto. Incluso Hitler sugirió a su hermana Paula que se cambiara de nombre durante los juegos Olímpicos en Garmisch y se mantuviera en estricto incógnito bajo el apellido Wolff, manteniendo su nombre si quería. Por sugerencia de Paula, se añadió el calificativo de Frau (Señora) para hacer menos sospechoso el cambio de nombre ante sus conocidos (haciendo ver que el cambio de nombre fuera debido a un matrimonio). Hitler era conocido como Adi por su familia y parientes más cercanos.

Hitler dijo que, de niño, era azotado a menudo por su padre. Años más tarde le dijo a su secretaria: «Entonces tomé la decisión de no llorar nunca más cuando mi padre me azotaba. Unos pocos días después tuve la oportunidad de poner a prueba mi voluntad. Mi madre, asustada, se escondió en frente de la puerta. En cuanto a mí, conté silenciosamente los golpes del palo que azotaba mi trasero».

Esto posiblemente influyó a Hitler al pensar que talvez su misma persona tuviera un origen remotamente Judío. Hitler no era un alumno exitoso, al contrario no le gustaba estudiar, soñaba con ser artista, y no tenia muchos amigos, posiblemente a que su infancia transcurrió en medio de mudanzas debido al trabajo de su padre; tampoco terminó la secundaria.

"El chico no hacia caso a nadie. Tenía pocos amigos, en realidad, ninguno en la escuela ni en el pueblo. Sus profesores se quejaban de que era índole y descuidado".

En contraparte a la cruel y violenta figura paterna, Adolf encontraba refugio en el gran cariño materno. Vivió casi toda su infancia en Linz y su juventud en Viena.

Su estancia en Viena
En 1907, lleno de apatía y sin mucho que hacer, se instalo en Viena. Se dice que estuvo mendigando por unos años mientras al mismo tiempo era rechazado en sus intentos por entrar en la Academia de Bellas Artes para estudiar Pintura. Sin embargo no pudo entrar en esta pese a sus dos exámenes. Al parecer sus pinturas carecían de vitalidad y eran más propias de un arquitecto.

Tal vez estos fracasos fueron desarrollando un complejo en contra de la sociedad la diversidad cultural que se vivía en Viena, la cuál no le parecía atractiva a Hitler.

Fue en ésta época cuando se desarrolló su sentimiento nacionalista alemán y el antisemitismo. Al parecer, Hitler sentía una admiración verdadera por la orgullosa nación alemana y en el lado opuesto no se sentía atraído por su patria, a la cual consideraba débil así como a su ejército, propio de un país en decadencia.

A tal grado era su falta de apego que cuando se le requirió para presentar el servicio militar se escondió en Viena durante 3 años, enviando una carta a la autoridad correspondiente donde exponía que sus razones para no hacerlo eran que no tenía medios para subsistir y vivía en la pobreza.

Primera Guerra Mundial
El 28 de julio de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial; una semana después, Hitler se presentó como voluntario en el ejército alemán, siendo asignado a un regimiento bávaro. El inicio de la guerra ocasionó gran entusiasmo en el joven Hitler, quien pensó que había llegado una oportunidad para cambiar su vida: “No estoy avergonzado de decir que, arrastrado por mi entusiasmo, me arrodillé y agradecí al Cielo desde el fondo de mi corazón ... por haberme permitido vivir en ese tiempo”.
Hitler en la primera guerra mundial

Después de menos de tres meses de entrenamiento, Hitler fue enviado al frente occidental. Sirvió en Francia y Bélgica, como mensajero de la 1ª Compañía del 16° Regimiento de Infantería Bávaro de Reserva, siendo expuesto al fuego enemigo. Participó en la Primera batalla de Ypres, donde su unidad fue diezmada en cuatro días. Al finalizar la batalla, de los 3500 soldados iniciales, solamente 600 podían seguir combatiendo.

Posteriormente, sus oponentes políticos lo acusarían de ser un cobarde, pero la evidencia los contradice. En octubre de 1916, en el norte de Francia, Hitler fue herido en la pierna, regresando al frente en marzo de 1917, ascendido al rango de cabo. Sin embargo, no fue promovido más allá de este grado, al considerarse en ese momento que Hitler no poseía dotes de mando. Hitler fue condecorado dos veces: recibió la Cruz de Hierro de 2ª clase el 2 de diciembre de 1914, y la Cruz de Hierro de 1ª clase el 4 de agosto de 1918. Este honor era raras veces otorgado a un soldado de tan baja graduación. De acuerdo a diversos testimonios, Hitler ganó su última Cruz de Hierro al haber capturado sin ayuda a quince soldados enemigos, aunque los registros militares no especifican la razón de esta condecoración.


En marzo del año siguiente abandonó la milicia para dedicarse por entero a su actividad política; fue entonces cuando el partido añadió a su denominación Nacionalsocialista, convirtiéndose en el Nationalsozialistische Deutsche Arbei-terpartei (de cuya abreviatura surgiría la palabra nazi), y Hitler se convirtió en su jefe de propaganda. Como tal consiguió reclutar a personajes destacados de la sociedad muniquesa, esencialmente nacionalistas y, en menor medida, a trabajadores, cuyo número fue disminuyendo a medida que el NSDAP se engrandecía, y él se hacía con la presidencia, tras eliminar a Drexler.

En noviembre de 1923, siguiendo el ejemplo de Mussolini en Italia, intentó un golpe de estado, conocido como el putsch de 1923. Los dos cabecillas de la intentona, Hitler y Ludendorff, fueron detenidos y juzgados; su fracaso le valió una condena de cinco años de prisión, de los que sólo cumplió nueve meses debido a la presión de sus camaradas. De esa estancia en la prisión de Landsberg surgió la primera redacción de Mein Kampf, dictada a Rudolf Hess.

Hitler era considerado como un soldado «correcto», pero, según se informa, era impopular entre sus compañeros debido a una actitud poco crítica hacia los superiores. «Respetar al superior, no contradecir a nadie, obedecer a ciegas», dijo, describiendo su actitud mientras era enjuiciado por el putsch de Múnich en 1923.

Según testimonios, fue un soldado valiente y se ganó pronto la simpatía de sus superiores gracias a su marcado antisemitismo. Fue nombrado oficial de propaganda del Reichswehr, el ejército regular, y se dedicó a predicar el ideal nacionalista y la lucha contra los bolcheviques entre sus camaradas, dando numerosas conferencias. El 12 de septiembre de 1919 fue comisionado a asistir a una asamblea del incipiente Partido Obrero Alemán (DAP) con el objeto de recabar información sobre dicha asociación. Hitler intercambió impresiones con el presidente del DAP, Anton Drexler, y todo habría terminado allí, quizá, si no hubiese recibido poco después una tarjeta postal en que la dirección del partido (entonces no contaba con más de cincuenta afiliados) le comunicaba su ingreso en el mismo.

En marzo del año siguiente abandonó la milicia para dedicarse por entero a su actividad política; fue entonces cuando el partido añadió a su denominación Nacionalsocialista, convirtiéndose en el Nationalsozialistische Deutsche Arbei-terpartei (de cuya abreviatura surgiría la palabra nazi), y Hitler se convirtió en su jefe de propaganda. Como tal consiguió reclutar a personajes destacados de la sociedad muniquesa, esencialmente nacionalistas y, en menor medida, a trabajadores, cuyo número fue disminuyendo a medida que el NSDAP se engrandecía, y él se hacía con la presidencia, tras eliminar a Drexler.

En noviembre de 1923, siguiendo el ejemplo de Mussolini en Italia, intentó un golpe de estado, conocido como el putsch de 1923. Los dos cabecillas de la intentona, Hitler y Ludendorff, fueron detenidos y juzgados; su fracaso le valió una condena de cinco años de prisión, de los que sólo cumplió nueve meses debido a la presión de sus camaradas. De esa estancia en la prisión de Landsberg surgió la primera redacción de Mein Kampf, dictada a Rudolf Hess.

La crisis económica de 1929 permitió al partido nazi un desarrollo más que considerable. En 1932 se presentó a las elecciones presidenciales, y si bien fue derrotado, obtuvo trece millones y medio de votos. En enero de 1933 ocupó la cancillería con el conservador Von Papen. Hitler disolvió el parlamento, inició una campaña financiada por los magnates del Ruhr (Von Thyssen, Otto Wolff, Voegeler) marcada por la violencia de las Schutz Staffel, las SS, la policía militarizada del partido nazi, y el incendio del Reichstag de Berlín, el 27 de febrero, hecho que utilizó en su favor atribuyendo su autoría a la subversión comunista y que le dio pie para instituir el estado de excepción.

Fueron los pasos necesarios para acabar con sus oponentes. Primero promulgó una ley destinada vagamente a restablecer «el funcionamiento de carrera», pero que sirvió en realidad para depurar a los judíos y marxistas de los servicios del Estado, y en general de todo aquel que ocupase un puesto codiciado por los nuevos jefes nazis. Tras su primer encuentro con Mussolini, el 14 de junio de 1934 en Venecia, Hitler y la jefatura del nacionalsocialismo (Goebbels, Göring, Heydrich y Heinrich Himmler) se deshicieron de su otrora apreciado Ernst Röhm y otros opositores al régimen: Gregor Strasser, Schleicher, Kahr, a la cabeza de un centenar, todos ejecutados a quemarropa en la que fuera llamada «Noche de los cuchillos largos» (30 de junio de 1934). Von Papen se libró de la quema gracias a la protección del mariscal Von Hindenburg, todavía presidente del Reich; pero por las dudas se aprestó a dimitir de su cargo de vicecanciller, se fue a Viena como embajador y más tarde siguió sirviendo a Hitler en Ankara.

EL NAZISMO


estandarte del Nazismo
Al empezar el siglo aparecieron los principios de una ideología que años más tarde cristalizó en el nacionalsocialismo, doctrina conocida también con el nombre de nazismo. Los principios del nacionalsocialismo, reforzados por la teoría de la superioridad de la raza aria, se caracterizan por su antisemitismo, su apología de la acción y de la violencia y el autoritarismo.

Partidario de estas teorías, Adolf Hitler se unió en Munich al Partido Obrero Alemán tras la Primera Guerra Mundial. En 1920, dicho partido adoptó el nombre de Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo y, al año siguiente, Hitler se convirtió en su líder. En el libro Mi lucha (Mein kampf) Adolf Hitler describe el programa del movimiento, al que añadió algunas vagas ideas socialistas y anticapitalistas, que fueron, posteriormente, abandonadas. El nacionalsocialismo reclutó a sus seguidores principalmente entre los oficiales desmovilizados, soldados y también miembros de la clase media baja.

Aunque el final de la guerra lo había convencido de entrar al mundo de la política, Hitler se percató que no contaba con dinero, amigos, familiares con conexiones, estudios universitarios o experiencia política;30 por lo que decidió continuar en el Ejército. Viajó a Múnich para reintegrarse a su batallón, pero allí descubrió que se había proclamado una república soviética bávara y que su unidad estaba bajo el control de los socialistas, por lo que solicitó ser transferido a otro lado. El crucial primer invierno de la República de Weimar, Hitler lo pasó trabajando como un guardia en un campo de prisioneros de guerra cerca de Austria.

Regresó a Múnich en la primavera de 1919; poco después de su llegada el gobierno soviético de ese estado fue derrocado por el Ejército alemán y grupos paramilitares conservadores, y Hitler recibió entonces su primer trabajo político. Su misión consistía en investigar a los miembros de su unidad que habían colaborado con el gobierno soviético. Su trabajo fue apreciado por sus superiores, quienes lo emplearon a tiempo completo, asignándolo al Departamento político de asuntos de prensa del Ejército, a nivel distrital. De esta manera, Hitler se convirtió en un espía militar, investigando a los muchos grupos socialistas que estaban naciendo en toda Alemania. También participó como oficial educador en el «pensamiento nacional», cursos organizados por el Departamento de Educación y Propaganda del grupo bávaro de la Reichswehr. La principal tarea de Hitler era entonces erradicar "ideas peligrosas", como la democracia, el socialismo y el pacifismo. Un objetivo clave de este grupo era crear una «cabeza de turco» para justificar la derrota alemana. Las cabezas de turco fueron encontradas en el Judaísmo Internacional, los comunistas y los políticos liberales, especialmente los miembros de la coalición de Weimar, que eran considerados como los «criminales de noviembre».

En julio de 1919, Hitler fue designado V-Mann (Verbindungsmann, término alemán para un espía de la policía) del Comando de Inteligencia (Aufklärungskommando) del Ejército, con el objetivo de atraer a otros soldados de ideas similares. En septiembre, se le ordenó que se investigara un pequeño partido denominado Partido Obrero Alemán (DAP). Aunque este partido era nacionalista, los superiores de Hitler desconocían esto, y sospechaban que podía ser un partido socialista o comunista.

Hitler asistió entonces a una reunión del DAP, sin embargo, cuando uno de los presentes sugirió separar Baviera de Alemania y unificarla con Austria, Hitler pronunció un discurso que llamó la atención de Anton Drexler, principal dirigente del partido. Hitler fue aceptado en el partido, que ya contaba con la membresía de Dietrich Eckart y Ernst Röhm.

Desde ese momento, la figura de Hitler fue cobrando más y más protagonismo, participando a tiempo completo en las actividades del partido y perfilando con nitidez la nueva ideología.
En 1920, tomó el control de la maquinaría de propaganda, y el 24 de febrero celebró su principal reunión de importancia, con seis mil asistentes. Para hacer pública la reunión, envió dos camiones de partidarios del Partido con esvásticas, para causar conmoción y distribuir panfletos; fue el primer empleo de la táctica de terror que haría famoso al movimiento nazi.

El 1 de abril de 1920, el Partido Obrero Alemán cambió su nombre a Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, más conocido como Partido Nazi; ese mismo día Hitler abandonó el Ejército. Poco después organizó escuadrones de veteranos de guerra, liderados por Emil Maurice, para que mantuvieran el orden en las reuniones del Partido, y expulsasen a los que no estuviesen de acuerdo con los oradores.33 El 5 de octubre de 1921, estos escuadrones fueron organizados bajo el nombre de Sturmabteilung, mejor conocidos como las SA o los camisas pardas, por el color de sus uniformes. Muy pronto, las SA, bajo el mando inicial de Johann Ulrich Klintzich, dejaron de limitarse a su rol de mantener el orden y empezaron a atacar a los grupos políticos opositores y a los judíos, lo cual acabó convirtiéndose en su actividad principal.34 En la primavera de 1920, Hitler toma como emblemas la Hakenkreuz —la cruz gamada— y el saludo del fascismo italiano del brazo en alto.

Ya a principios de 1921, Hitler era considerado un gran orador, hablando frente a muchedumbres cada vez más grandes. Ganó notoriedad fuera del partido por sus discursos polémicos, atacando el Tratado de Versalles, y a grupos rivales (sobre todo marxistas y judíos). Ese año, Hitler personalmente lideró a los camisas pardas contra una reunión de federalistas bávaros. Aunque Hitler pasó tres meses en la cárcel por la paliza que sus hombres propinaron a los federalistas, al salir no mostró arrepentimiento alguno; por el contrario, estaba más resuelto a emplear la fuerza contra sus adversarios

Para el verano de 1921, Hitler era el líder del partido; no sólo era el principal orador y propagandista, sino que también era la principal fuente de ingresos de ese movimiento revolucionario. No obstante, los fundadores se encontraban resentidos debido a la conducta dictatorial de Hitler, y aprovechando que se encontraba de viaje en el norte de Alemania, planificaron la fusión de su partido con otros grupos políticos; de esta manera, pensaban reducir la importancia de Hitler y cuestionar su liderazgo. Hitler se enteró de estos planes y regresó a Múnich, solicitando poderes dictatoriales en el partido, de lo contrario renunciaría. Drexler respondió publicando una carta en un periódico, denunciado los abusos autoritarios de Hitler, pero éste presentó una demanda legal en su contra, y Drexler se tuvo que retractar. Derrotado, Drexler fue retirado de su cargo de presidente y Hitler lo sucedió, convirtiéndose en el líder indiscutible del Partido Nazi. De esta manera, se estableció el «principio del liderazgo», que formó el sistema de gobierno político de la Alemania Nazi.

En estos años Hitler conoció a Rudolf Hess, Hermann Göring, a Ernst Hanfstaengl y Alfred Rosenberg, quienes junto con Eckart, lo introdujeron a círculos sociales más altos, de los cuales pudo obtener generosas donaciones para el naciente partido.
Hermann Göring
Alentado por el rápido crecimiento, Hitler empezó a idear la toma del poder. Sin embargo, su partido no era todavía la principal fuerza política en Baviera, y era desconocido fuera de este estado; por lo que Hitler concluyó que necesitaba el apoyo de las fuerzas políticas y las guarniciones militares bávaras para lograr este objetivo.38 Influenciado por la marcha sobre Roma de Benito Mussolini, Hitler ideó realizar una marcha similar hacia Berlín, con la que doblegaría al gobierno nacional fácilmente.
A finales de 1922, contaba ya con una pequeña y creciente banda de seguidores fanáticos, inspirada por la «Marcha sobre Roma» de Mussolini, que empezó a ver en él el deseo de un líder nacional heroico.
Rudolf Hess

Mein Kamf
libro del nazismo
Su obra Mein Kampf (Mi lucha) se convirtió en evangelio de masas, sin ser tratado de política, y en libro santo de la vida e ideas del jefe supremo, sin ser ninguna confesión del autor, a pesar del título. Según lo expuesto en él, la raza aria es superior por naturaleza; el Estado es la unidad de «sangre y suelo»; el Fürher es la encarnación del Estado y por tanto del pueblo... Nada nuevo. Pero sí el arma más eficaz para la más cruel derrota del pueblo que la utilizó, el mayor genocidio de la historia y la destrucción de Europa.

Aunque sea de segunda mano, Hitler expresó personalmente estos principios en su autobiografía espiritual, Mi lucha (Mein Kampf, 1925) de la cual, en 1961, se publicó una parte inédita de carácter más teórico-programático. La obra fue escrita en 1924 (durante los nueve meses de prisión que pasó en la fortaleza de Landsberg, por el putsch de Munich de 1923) y publicada también en Munich los años 1925 y 1927, en dos volúmenes, que alcanzaron enorme difusión al subir al poder el régimen nazi (cuatro millones de ejemplares hasta 1939).

La primera parte de Mi lucha es de carácter autobiográfico y reconstruye su juventud en Austria y, en particular, el período de Viena (hasta 1912), cuando en la mente inquieta de Hitler germinaron los sueños de grandeza alemana y de odio antisemita; el período de Munich; la participación en la guerra, a la que Hitler se incorporó como voluntario en un regimiento de Baviera; la acción activista en la "Deutsche Arbeiterpartei", de extrema derecha, con su bagaje formado de revanchismo, racismo, superioridad germánica; la fundación del partido nazi.

De aquí en adelante, los datos autobiográficos y la predicación propagandista, los escorzos de una absurda filosofía de la historia y la mística de la raza se mezclan de tal manera que constituyen el manual del nazismo. Especialmente, el principio racial y de la superioridad alemana. "El que habla de una misión del pueblo alemán en la tierra, debe de saber que ésta sólo puede consistir en la formación de un estado que considere, como supremo objetivo suyo, la conservación y desarrollo de los elementos más nobles y más íntegros de nuestra estirpe ("Volkstum"), ante toda la humanidad... "

Al contrario de la concepción burguesa y judeomarxista, la filosofía del Volk afirma que la importancia de la humanidad está vinculada a los elementos fundamentales de la raza. Esta concepción ve en el hombre sólo un medio para alcanzar un fin: la conservación de la sustancia racial del hombre. Por lo tanto, no cree en la igualdad de las razas, sino que, junto a sus diferencias, reconoce una jerarquía de valores y favorece la victoria del mejor y del más fuerte. De estas premisas derivaba ya en forma explícita toda la exaltación "aria" y el genocidio que tuvo lugar más tarde. No se trataba sólo de afirmar: "hay que transformar a todo alemán y hacer de él un tipo nuevo de hombre", o de "fustigar a las masas para lanzarlas adelante aunque fuese con histérica violencia", sino de establecer que "sólo quien está sano puede procrear, que es escandoloso engendrar hijos malsanos o defectuosos".

El antisemitismo ocupa el centro de toda esta doctrina: hay que destruir al "insecto", prohibir el matrimonio mixto que engendra "monstruos mitad hombres y mitad monos" y acabar con la semilla hebrea en la tierra alemana. Por otra parte, el principio antidemocrático y jerárquico de los mejores desemboca en la exaltación de la personalidad "única", es decir, del jefe; por lo tanto, el Führerprinzip: "no hay decisiones de la mayoría, sino sólo personas responsables. Cada hombre tiene a su lado consejeros, pero la decisión es asunto de un hombre solo. Sólo él tendrá la autoridad y el derecho de mandar: el parlamento se limitará a dar consejos, pero ninguna cámara podrá decidir por votación. Este principio, que asocia la autoridad absoluta con la absoluta responsabilidad, creará progresivamente una élite de jefes".

Y así como se afirma la jerarquía interna de los más puros y fuertes, así también el pueblo alemán ejercerá, como ario puro, su dominio sobre todos los demás, después de haber destruido al enemigo interno, el judío. De aquí también la teoría del "espacio vital" como necesario para la expansión del predominio germánico y, en primer lugar, para la plena unificación del mundo de lengua alemana. La misma presunción de una misión divina está en esta superioridad del alemán, y en la persecución de los judíos ("Luchando contra el judío, defendiendo la obra del Señor").

El desarrollo de Mi lucha suponía un programa político más inmediato. Desde la previsión apocalíptica, Hitler descendía hasta la exigencia de la revisión radical del tratado de Versalles y a la humillación de Francia. Sin embargo, ya desde entonces Hitler preveía que la expansión de Alemania tendría lugar hacia las llanuras del Este mejor que en la sumisión de Occidente.

El libro, escrito en condiciones de total excitación propagandista, desafia todo sentido crítico, es decir, no se razona ningún principio o afirmación. Cada propuesta vale por su ruda violencia, cada idea no tiene más antecedentes culturales que los de la publicidad nacionalista y racista más reciente (desde Spengler a Moeller y a Feder de Die Juden, que es el único autor de esta "tradición" recordado por Hitler) y una gran admiración por Nietzsche y Wagner malamente interpretados; sin ninguna finura ni originalidad, como no sea la del odio sin medida y la de la mística racial más inmediata.

Tal vez hayan sido precisamente la cruda violencia, el dogmatismo de la repetición inexhausta y el simplicismo primitivo los que han constituido la fuerza de penetración y la inhumana propagación de sus fórmulas. Todo lo que el dictador puso en práctica diez años más tarde se encontraba perfectamente expuesto en este libro, pero a pesar de ello nadie se sintió tan amenazado como para intentar detener, antes de que fuera demasiado tarde, al peligroso fanático que se anunciaba en sus páginas.

La 2° Guerra Mundial
Hitler y Mussolini
Para entender las causas que provocaron la Segunda Guerra Mundial hay que comprender cómo se desarrollaron las relaciones internacionales en el período de Entreguerras (1919-1939), etapa marcada por las consecuencias del Tratado de Versalles y por la crisis económica de 1929. Fue principalmente en Alemania donde se dieron una serie de circunstancias económicas y sociales que favorecieron el desarrollo del fascismo alemán. Todos los países establecieron, a raíz de la crisis económica del 29, políticas de intervención del Estado en sus economías. Pero fue en los regímenes totalitarios, por razones de desarrollo demográfico, y en especial en Alemania, donde el espacio vital se vio vinculado al sentimiento ultranacionalista. Este hecho es consecuencia clara del tratado de Versalles que, con el tiempo, desembocó en la política expansionista alemana que provocó la Guerra.

Los historiadores están de acuerdo en el protagonismo de Hitler como causante de la guerra. No hay que olvidar que el Führer hizo uso del poder que le daba su constitución para actuar como jefe de las Fuerzas Armadas (Wehrmach) y organizar un Alto Mando de las Fuerzas Armadas sobre el que mandaba. Hitler logró la unión con Austria (Anschluss) y la adquisición de los Sudetes, lo cual fue admitido por las democracias occidentales en la conferencia de Munich (1938), negociaciones que fueron objeto de muchas críticas por parte de los países europeos, especialmente dirigidas a Chamberlain, primer ministro británico. El siguiente paso, la ocupación del llamado corredor de Dantzig, fue el acontecimiento que provocó la Segunda Guerra Mundial.

Los ejércitos
Las democracias occidentales no habían firmado alianzas formales que las unieran ante el peligro alemán, aunque existieron pactos tras la llegada de Hitler al poder como el malogrado pacto de Stressa. Cada uno de los futuros aliados contra el Eje (Roma-Tokio-Berlín), había desarrollado de forma radicalmente distinta sus medios bélicos: Francia mejoró y desarrolló su sistema de trincheras (la famosa línea Maginot), previendo una guerra de posiciones como en la Primera Guerra Mundial, pero este sistema de trincheras no iba más allá de Holanda y Bélgica, pues confiaba en su neutralidad.


en uno de sus desfiles militares
Por lo que respecta a Gran Bretaña, no desarrolló un arma que se convertiría en vital (como, por ejemplo, fue el portaaviones), pero acertó en dos armas fundamentales: el radar y la aviación. La URSS, por su parte, contaba con sus enormes recursos humanos; el otro gigante mundial, Estados Unidos de América, al comienzo de la guerra no mantenía una gran capacidad militar, pero enfocó su producción industrial a la fabricación de armas, entre ellas, portaaviones, acorazados y bombarderos.

En el caso alemán, los términos del tratado de Versalles exigían la desmilitarización del país, lo que hizo que se deshicieran del armamento antiguo; por ello, cuando Hitler vio en el ejército y la industria de guerra el medio para incentivar la producción, absorber el paro y favorecer su política anexionista, orientó la política económica de Alemania hacia la producción de armas modernas, especialmente tanques y aviación. Aunque desechó la fabricación de portaaviones y otros barcos de superficie, construyó una enorme flota de submarinos. No hay que olvidar que Alemania contaba con un gran desarrollo económico y un importante potencial técnico, tanto en la metalurgia como en la industria química y eléctrica, de gran aplicación en la industria de guerra. Sin embargo, el punto débil de Alemania y decisivo en el desarrollo de la guerra fue su falta de ciertas materias primas indispensables, entre otras, el hierro.

La invasión de Polonia y de Europa occidental
Hitler anuncia la invasión de Polonia en el Reichstag
Una vez que Alemania firmó el pacto de no-agresión con la URSS de Stalin, Hitler se vio con fuerzas para continuar con su política expansionista, anexionándose el corredor de Dantzig que separaba los territorios de Prusia del resto de Alemania. Tras esta invasión del territorio polaco (septiembre de 1939), Alemania ocupó Posnania, la Alta Silesia y, más tarde, el resto del territorio polaco.

En esta invasión se llevó a cabo un nuevo sistema táctico conocido a partir de entonces como Guerra relámpago: en ella se empleaban importantes recursos armamentísticos, sobre todo divisiones de tanques, que impedían una respuesta rápida y efectiva del enemigo. Entretanto, la URSS, de acuerdo con una cláusula secreta del tratado germano-soviético, ocupó la zona oriental de Polonia, territorio que había pertenecido a la Rusia zarista.
soldados alemanes

Tras la ocupación de Polonia, Alemania recibió un ultimátum de Francia y Gran Bretaña. En el tratado de Munich sobre la cuestión de los Sudetes se habían comprometido a defender a los polacos de una agresión similar, la cual era previsible según el programa político nazi. Al no aceptarlo Alemania, los aliados le declararon la guerra. En ese momento, yendo más allá del pacto con Alemania, Rusia comenzó la ocupación de los territorios del Báltico y Finlandia, con gran recelo por parte de Hitler.

Alemania, antes de comenzar la guerra y pensando en los efectos de un bloqueo similar al llevado a cabo por los aliados durante la Primera Guerra Mundial, se afanó en fomentar la autarquía económica (autosuficiencia y poca dependencia del exterior). Pero no podía crear todos los productos por sustitución y, por ejemplo, el hierro era un material imprescindible para su industria de guerra. Dependía del hierro escandinavo, por lo que comenzó la ocupación de Dinamarca y Noruega a partir de 1940, al mismo tiempo que se iniciaba la campaña occidental: invadió Francia a través de Bélgica y Holanda, haciendo inútil la línea defensiva francesa (línea Maginot), pues la acción se llevaba a cabo mediante una maniobra envolvente con uso masivo de divisiones de tanques (Panzer) y unidades especializadas como la aviación (Lufftwaffe) y paracaidistas que destruían puntos claves.

Los gobiernos de los países ocupados se trasladaron a Londres. Hitler puso en su lugar gobiernos proalemanes (colaboracionistas) y estableció un nuevo método de administración y ocupación. Así, pues, las tropas alemanas lograron llegar hasta el Canal de la Mancha pero, inexplicablemente, se detuvieron durante dos días en su avance, dando tiempo a que franceses e ingleses pudieran reembarcar sus efectivos hacia Gran Bretaña.
Invasion de Alemania a toda Europa

Más tarde, Alemania logró ocupar la parte norte de Francia, momento en el que el mariscal Pétain se hizo con el poder de Francia y pactó con Hitler un armisticio. De esta forma, Francia quedó dividida en dos: una zona ocupada, que daba a Hitler el control de toda la fachada atlántica y de la capital, y una zona de jurisdicción francesa que tuvo su sede de gobierno establecida en Vichy. Mientras tanto, el general Charles de Gaulle, que no aceptó este pacto, organizó desde Londres la resistencia interior a través de la radio, lanzando consignas de un Comité Nacional de franceses libres.

Con la claudicación de Francia tan sólo quedaba Gran Bretaña, a cuyo frente se colocó un gobierno de coalición presidido por Churchill, que prometió resistir a costa de sangre, sudor y lágrimas. La invasión de las islas por parte de Alemania (la batalla de Inglaterra) fue imposible, pues los aliados contaban con el uso de un arma fundamental: el radar. Alemania no poseía ni una marina poderosa ni, ahora tampoco, el dominio del espacio aéreo. Mientras tanto, aprovechando la campaña alemana en el oeste, la URSS consiguió recuperar todos los territorios que cedió el gobierno en la paz de Brest-Litovsk de 1918.

La guerra en el norte de África y la invasión de los Balcanes
Mariscal Erwin Rommel
Una vez que Francia firmó el armisticio, Mussolini decidió que Italia entrara en la guerra para satisfacer sus ambiciones territoriales en los Balcanes y el norte de África. En Otoño, Italia ocupó Grecia desde Albania, pero griegos y británicos lograron rechazarles. En el norte de África trató de ocupar Egipto desde su colonia de Libia, pero fueron igualmente rechazados.

Hitler, que ya pensaba en el ataque a la URSS, tuvo que desviar parte de sus tropas y medios en ayuda de su desastroso aliado. En el norte de África, Rommel, jefe de los Africa Korps (tropas mecanizadas del desierto), logró llegar a la ciudad egipcia de El Alamein, donde las tropas del británico Montgomery lograron rechazarles debido a la inferioridad en tanques y a la escasez de combustibles y alimentos. En los Balcanes, las tropas alemanas trataron de solucionar los problemas italianos y ocuparon la zona para asegurarse el suministro de petróleo rumano. Las naciones balcánicas (Rumania, Bulgaria, Hungría) decidieron adherirse al Pacto Tripartito, firmado entre Alemania, Italia y Japón en 1940 y conocido como el eje Roma-Tokio-Berlín. Alemania culminó la ocupación de los Balcanes con la invasión de Creta en 1941.
al mando de los africakorps

La invasión de Rusia
Batalla de Stalingrado
batalla de Stalingrado
A pesar de que Alemania y la URSS tenían un pacto de no-agresión, las anexiones efectuadas por Stalin molestaron enormemente a Hitler. Alemania no quería renunciar a su espacio vital y, a la vez, veía como su mayor enemigo al sistema bolchevique; por ello, Hitler preparó concienzudamente la Operación Barbarroja para conquistar la URSS y, más tarde, abatir el poderío británico en Oriente Medio. En julio de 1941 se inició la campaña de Rusia, a la que fueron enviados tres cuerpos de ejércitos: hacia el norte (Leningrado), hacia el centro (Moscú), y hacia el sur (Ucrania). Los rusos firmaron un acuerdo con los británicos y al mismo tiempo trasladaron su industria hacia el interior para que no cayera en manos alemanas.

Pearl Harbour: Estados Unidos entra en la guerra
Los americanos, que en un primer momento quisieron mantenerse estrictamente neutrales, comenzaron paulatinamente a servir a los intereses de los aliados, hecho que se hizo patente cuando Roosevelt, presidente de Estados Unidos de América, logró que el Congreso aprobase la ley de Préstamo y Arriendo que permitió a los Aliados surtirse de todo tipo de materiales y armas sin tener que pagar en el momento de la compra. Se estaba ayudando con todos los medios económicos a la lucha contra Alemania.

Por otra parte, Japón comenzó a ocupar las colonias británicas, francesas y holandesas en el Pacífico y Oriente con apoyo, en muchos casos, de nacionalistas indígenas. Japón necesitaba espacio vital pero también precisaba de los suministros que Estados Unidos le negaba al apoyar a China, país que estaba en conflicto contra el imperio del Sol Naciente. La intervención de Estados Unidos parecía inminente, pero Japón quiso dar un golpe sorpresa y, sin previa declaración de guerra, bombardeó la base naval de Pearl Harbour (Hawaii). Los nipones contaban con un pacto anterior de no-agresión con Rusia y comenzaron a ocupar, sin mayores problemas las islas del Pacífico (Filipinas, Tailandia, Birmania...), que se añadían a las anteriores conquistas de Indochina e Indonesia.

Debido a ello, Estados Unidos declaró la guerra a Japón y, poco después, a Italia y Alemania, universalizándose definitivamente el conflicto. La entrada en guerra de los norteamericanos marcó la diferencia: no sólo era la mayor potencia económica e industrial sino que no tenía que gastar dinero en defender su territorio. Fabricó para la guerra 86.000 tanques y 3.000 aviones.

La contraofensiva de los aliados
Hasta mediados de 1942 los alemanes llevaron la iniciativa en las campañas bélicas pero, a partir de 1943, comenzaron las primeras victorias aliadas: en el Pacífico, los ataques japoneses a las bases americanas de Midway y Guadalcanal fueron detenidos, mientras en el Atlántico la producción de barcos y submarinos de los aliados aventajaba el esfuerzo alemán.

En el norte de África, las tropas de Rommel fueron derrotadas por el desembarco de Eisenhower en Marruecos y Argelia y por la ofensiva de Montgomery en Egipto, que inició, acto seguido, el desembarco en Italia. En el frente soviético, las tropas alemanas fueron derrotadas en Stalingrado a pesar de contar con las mejores tropas.

El peso de la ofensiva recayó sobre las tres grandes potencias: URSS, Estados Unidos de América y Gran Bretaña. Los frentes orientales y el Pacífico quedaron reservados a los rusos y americanos respectivamente; mientras, en Europa occidental y en África, americanos y británicos se pusieron de acuerdo sobre la estrategia a llevar a cabo y se impuso finalmente la de aquéllos por la superioridad de sus efectivos. La iniciativa de ataque en Europa fue americana, y en el norte de África, británica.


Batalla de Stalingrado
Tras ser derrotado en 1943 el Africa Korps, se produjo el desembarco de los franceses en Sicilia para pasar a la península italiana desde el sur y hacia el norte. A continuación, fue hecho prisionero Mussolini, se transformó el sistema político e Italia declaró la guerra a Alemania. Por entonces, los aliados comenzaron el bombardeo sistemático de Alemania para desmoralizar y destruir puntos vitales.

Pero el ataque decisivo se produjo desde Inglaterra, con el desembarco de Normandía, mientras los soviéticos hacían retroceder a los alemanes y liberaban Europa oriental y central con el apoyo de las guerrillas de resistencia. Occidentales y soviéticos confluyeron en Berlín, pero la entrada en la ciudad fue reservada para las tropas de Stalin, que en mayo de 1945 tomaron la capital, días después del suicidio de Hitler.

En el Pacífico, la ofensiva contra Japón fue dirigida por los generales MacArthur y Nimitz, que conquistaron posiciones en la zona haciendo frente a la resistencia que opusieron los japoneses y sus kamikazes. La entrada en la guerra contra Japón por parte de la URSS produjo el lanzamiento de la bomba atómica en Nagasaki e Hiroshima, como medio para lograr la capitulación de Japón. La firma se produjo en el buque norteamericano Missouri, ante MacArthur. La guerra terminó el 2 de Septiembre de 1945.

Un nuevo orden
Poco después de que estallara la guerra, los beligerantes comenzaron a preparar la paz: los del Eje según sus proyectos imperialistas y autoritarios y los occidentales de acuerdo a unos principios democráticos y de libertad de los pueblos. Entre las conferencias preparatorias destaca la Carta del Atlántico (agosto de 1941), donde Churchill y Roosevelt definieron sus objetivos comunes: paz justa y destrucción de la tiranía nazi. Igualmente, las Conferencias de Yalta y Potsdam hablaban de estos fines, cediendo la zona liberada por los soviéticos a éstos mientras la occidental quedaba bajo la influencia de los Aliados. Alemania quedaría dividida en cuatro partes administradas, respectivamente, por Inglaterra, la URSS, Estados Unidos y Francia.

La consecuencia no prevista de estas conferencias fue la creación de dos grandes potencias, Estados Unidos y la URSS, que comenzaron a dominar los asuntos mundiales a costa de Gran Bretaña y, en general, de toda Europa. Por otro lado, la guerra provocó el movimiento descolonizador y la división del mundo en dos bloques, establecidos por el hecho de decantarse los nuevos países por la influencia occidental o la soviética. Los grandes derrotados comenzaron a recibir la ayuda política y económica de los aliados y fueron integrándose en el bloque occidental.

Autores             : 
Dr. Jorge Luis Castro Villacorta
Milagritos de Fátima Acuña Villanueva